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Cultivo de maní

Cultivo de maní

Cultivo de maní

El maní (Arachis hypogaea) se originó en América del Sur (Bolivia y países vecinos) y ahora se cultiva en todas las regiones de temperatura tropical del mundo. Este cultivo fue ampliamente llevado a cabo por pueblos originarios (mayas, aztecas y toltecas) hasta la época de la expansión europea en el siglo XVI, para luego ser llevado a Europa, África, Asia y las islas del Pacífico. El maní se cultivó por primera vez en jardines en los Estados Unidos hasta 1870 para alimentar a los cerdos, luego, alrededor de 1930, se decidió usarlo como producto comestible para humanos. Hoy se pueden utilizar todas las partes de la planta. El maní cultivado principalmente para consumo humano tiene varios usos; Las semillas enteras se comen como bocadillos o se convierten en mantequilla, aceite para freír y otros productos. La semilla contiene 25-30% de proteína (en promedio 25% de proteína digestible) y 42-52% de aceite. Un kilogramo de maní tiene un alto contenido alimenticio y proporciona el mismo valor energético que un kilogramo de ternera, un kilogramo y medio de queso, nueve litros de leche o treinta y seis huevos de tamaño mediano. El maní se consume principalmente como semillas tostadas o como mantequilla, especialmente en Estados Unidos, mientras que en el resto del mundo la producción se traduce en aceite comestible y en algunos casos como combustible para el procesamiento de maquinaria y productos agrícolas.


Cultivo

El maní nace con el sistema de autopolinización indefinida y es una leguminosa herbácea anual. La polinización natural ocurre rápidamente debido a flores atípicas o la acción de las abejas. La fruta es una vaina que contiene de una a cinco semillas que se desarrollan dentro de una estructura llamada "uña" que tiene una forma ovárica alargada. Las hojas de la planta del maní son alternas y pinnadas con cuatro folíolos (dos pares por hoja). La planta de maní puede estar erguida o postrada (desde treinta centímetros de altura) con una raíz primaria bien desarrollada y muchas raíces laterales y nódulos. Las plantas desarrollan tres tallos principales durante el crecimiento temprano, a saber, dos tallos que van desde los brotes cotiledonarios axilares de igual tamaño hasta el central. También hay flores de color amarillo brillante con partes masculinas y femeninas que se encuentran en inflorescencias en forma de espiga en las axilas de las hojas. Una o más flores pueden estar presentes en cada nudo y suelen ser más abundantes en las partes inferiores de las mismas. Las primeras flores aparecen de cuatro a seis semanas después de la siembra, y la producción se alcanza a las doce semanas como máximo. A los quince días se forman vainas que pueden alcanzar un tamaño máximo en dos o tres semanas. El cultivo del maní madura en unos dos meses y está indicado por los niveles máximos de proteína, aceite, materia seca y la presencia de venas oscuras y la cáscara beige. La característica de esta planta es que tiene una floración continua durante un largo período desde el momento del desarrollo hasta el de la cosecha.


Fertilización

La temperatura es el elemento principal que permite un buen rendimiento de maní. En los países fríos, por tanto, el cultivo está limitado ya que la temperatura ideal para obtener un buen producto debe ser de al menos veintiocho o treinta grados. Por lo tanto, la luz es esencial junto con un buen drenaje del suelo y sustancias orgánicas ideales para el desarrollo del maní. El suelo preferido suele ser suelto y friable, lo que permite una mayor penetración de raíces y estacas, y una mejor defensa de la lluvia y, por tanto, favorable a una buena cosecha. Este suelo de color claro permite un buen drenaje y proporciona una adecuada aireación a las raíces y la proliferación de bacterias nitrificantes necesarias para la correcta nutrición mineral de la planta. Los fertilizantes aún deben administrarse en la primera fase de arar el suelo para que se puedan hacer hendiduras en las que insertar el preciado líquido, lo que reduce la pérdida de células madre y el riesgo de enfermedades.


Mantenimiento

Las plantaciones de maní responden bien a la fertilidad del suelo, pero generalmente son reacias a los fertilizantes con niveles de fertilidad demasiado altos. Sin embargo, cuando se necesitan nutrientes, es fundamental utilizar aquellos a base de cloruro de potasio. Otro mantenimiento importante es la verificación periódica del grado de acidez del suelo y el nivel óptimo de PH debe fluctuar entre 6,0 y 6,5. Otro nutriente de fundamental importancia es el calcio que junto al nitrógeno se encuentran entre los principales químicos que la planta requiere para su desarrollo. Finalmente nos encargamos del riego. Estos deben ser abundantes, de lo contrario la planta corre el riesgo de absorber en su ausencia, el exceso de sustancias líquidas y sólidas presentes en el suelo empobreciéndolo con graves riesgos para su propia salud. El riego se debe realizar al atardecer y temprano en la mañana. Para cultivos de gran amplitud, el riego se realiza mediante riego controlado por bombas de ciclo continuo, que distribuyen el agua de forma constante y sobre todo nebulizada, evitando crear encharcamientos que pudiesen hacer que la planta se pudra.


Cultivar cacahuetes

Como se dijo anteriormente, uno de los aspectos fundamentales para obtener buenos frutos con el cultivo de estas plantas está ligado al clima; en zonas con bajas temperaturas no se recomienda este cultivo, salvo que prevea la colocación de invernaderos especiales capaces de mantener la temperatura adecuada. Para su crecimiento, estas especies arbóreas requieren una temperatura mínima de 15 ° C en lo que respecta a la fase de germinación, pero necesitan temperaturas superiores a 20 ° C para crecer y desarrollarse lo suficiente, proporcionando un buen producto para consumir. El suelo debe ser drenante y blando, esto se debe a que los frutos se desarrollan bajo tierra y necesitan poder esparcirse fácilmente. El suelo se puede preparar con trabajos especiales de manipulación, realizándolos en invierno, para que en primavera esté listo para acoger plantas de este tipo. Para plantar este tipo de cultivo se procede a la siembra, pero utilizando frutos sin tostar que aún conservan la clásica película roja y colocándolos en agujeros especiales con una profundidad mínima, alrededor de 3 cm. Es importante proceder con riegos regulares pero que no permitan la formación de agua estancada, factor que puede conducir fácilmente a la formación de moho.

La recolección de estos frutos debe hacerse cuando vea que las plantas se ponen amarillas; hay que extraer la planta dejando un poco de tierra en las raíces que son las que dan los frutos. Luego se dejan secar las plantas para que se desprenda la tierra para proceder a retirar las vainas que contienen el maní, que se colocarán en un lugar fresco y seco para que maduren y se sequen.

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Vídeo: Cultivo de Ajo (Octubre 2021).